Cae la noche en Buenos Aires. En un bar llevamos horas charlando sobre anécdotas infinitas. De pronto, Fernando Galmarini -más conocido como el “Pato”- me dice:
-En un rato me encuentro con Moria en un restaurante, cuando salga de la función de Brujas. ¿Por qué no venís a morfar con nosotros? Avisale a tu jermu.
Ella es admiradora de Moria Casán, así que le envió un mensaje de inmediato, pero no consigue remís y al fin se ve obligada a desistir.
El Pato, con su amabilidad característica, saluda uno por uno a todos los mozos y al gerente dándoles la mano.
No es la primera vez que observo esto: en todos los lugares donde nos encontramos desde que se inició esta aventura de reconstruir la historia reciente –San Isidro, Tigre, Lomas de Zamora, CABA- siempre hay gente que lo saluda, que lo conoce de la política, del deporte o de la tele. Y para todos tiene una sonrisa atenta y les estrecha la mano. No es una actuación de político avezado, es su forma de ser.
-Ya no tengo ambiciones, ahora miro la política desde otro lugar – explica-. La política, el deporte y la compañía son las cosas que me mantienen sano.
Moria llega al restaurante acompañada por su asistente. Es una mujer hermosa, carismática, inmediato centro de atención de las miradas. Una verdadera estrella. Al mismo tiempo, es extremadamente sencilla, natural.
-¿Cuánto tiempo lleva “Brujas” en cartel? –le pregunto.
-33 años. Es un récord. Hay gente que ya vino varias veces a verla, algunos son hijos o nietos de los que vinieron cuando la estrenamos. Hay gente que se emociona hasta las lágrimas.
La conversación deriva para el cine. Moria demuestra un gran conocimiento de películas, directores y actores.
-Veía cuatro o cinco películas por semana en el cine de mi barrio, cuando era chica. Más adelante me formé mirando películas de Bergman, de Fellini, de Woody Allen. Adoraba, adoro, a esos directores.
Es una cinéfila apasionada. Empieza a enumerar títulos. De pronto la charla de cine se toca con el futbol (no podía ser de otra manera con el Pato en la mesa). No tardan en aparecer los filmes de Paolo Sorrentino sobre Maradona (“Juventud”, “La mano de Dios”). El Pato dice:
-Pelé, Maradona y Messi fueron los más grandes, pero yo soy del Diego. Menotti me decía que el mejor era Pelé, habían jugado juntos en el Santos. ¡Pero qué querés que te diga, a mí me emociona el Diego!
Tiene mil anécdotas con Maradona de cuando fue Secretario de Deportes de la Nación, y nos hacemos el inmediato propósito de dedicarle varias páginas. A mis preguntas, Moria dice:
-Yo ni me acordaba de que lo conocía al Pato. Él había estado en mi programa “En la cama con Moria”. Era el Secretario de Deportes de la Nación. Pero un día, después de tantos años, recibo su llamada por un evento que estaba organizando.
Y cuenta cómo se encontraron y se enamoraron, mientras le acomoda al Pato los cabellos despeinados sobre la sien. Como buen porteño de barrio, algo pudoroso, parece incómodo ante esa muestra pública de cariño. Moria se burla:
-Se hace el tímido, pero es terrible este señor.
-Tenés que ver a las compañeras en las unidades básicas cuando él va a dar una charla – le respondo-. Empiezan a decir todas: “Viene el Pato, viene el Pato, está buenísimo”.
-¿Cuándo era joven?
-Y ahora también.
Moria se echa a reír y le acomoda de nuevo el cabello.
-A mí me sedujo con la voz –dice, e imita su acento porteño, popular, bien de la “yeca”-: “Qué hashés, Moria, cómo estásh, te shamo por un evento que estamosh organizando…”. Cuando lo escuché por teléfono pensé: “Ese hombre, qué voz”.
Se ríen. Me encanta observar a esa pareja, tan carismática, enamorada. Cuando ella se ausenta unos instantes le digo al Pato lo encantadora que es.
-Es muy buena mina –me responde orgulloso-, ejemplo como laburante, solidaria, de una sola palabra, querible y simpática, mis hijos la adoran. En resumen, es peronista. ¡Para qué más!
Ella dice que no es de ningún partido, que su padre era radical y su madre peronista, pero que la casa de sus tías parecía una unidad básica, con gente todo el tiempo.
-Cuando yo iba de visita, los militantes que había allí me decían: “pase, pase, compañera”. ¡Y yo era una nena de siete años! Me decían compañera y me trataban de usted, no me olvido más. Lo que me gusta de la gente peronista es que son tan cariñosos, con tanto afecto, tanta fraternidad, eso me encanta. El Pato me vive adoctrinando, dice que me está convenciendo. Él tiene mucha empatía con la gente, con todo el mundo, pero en especial con los pobres. ¿Te acordás lo que me contaste, cuando fuiste con el padre Mugica al Chaco a realizar tareas solidarias?
-Carlos me dejó colgado, me hizo ir a mí y después no fue – se ríe el Pato. Moria prosigue:
-Él tiene mucha empatía con la gente humilde, yo digo que a lo mejor tendría que haber sido cura.
- Cura no, peronista nomás –dice él.
Claro. El Pato es un testigo de toda la historia del peronismo, que es buena parte de la historia reciente de la Argentina, con sus más y con sus menos. Conoció a las principales figuras de la política y del deporte. Tiene millones de anécdotas divertidas, y también algunas trágicas, pero siempre apasionadas, hermosas, interesantes, inolvidables. Como la Argentina misma. Por eso los jóvenes lo invitan a dar charlas.
-¿Y qué te preguntan los chicos?
-Todo. Pero principalmente quieren saber sobre los años de la resistencia, cuando el peronismo estaba proscripto y Perón en el exilio. Y yo les digo: sí, esa etapa fue heroica, pero no se olviden que no fue allí donde comenzó la resistencia de nuestro pueblo. La resistencia viene de lo profundo, de cuándo éramos una colonia de España y Belgrano y San Martín luchaban por la Independencia, y después con los caudillos federales, con Rosas haciendo frente a los ingleses y franceses, con Yrigoyen, con Perón, y después del golpe del 55 el pueblo se volvió a organizar, como se organizó siempre y se organizará de nuevo para cumplir su destino todas las veces que haga falta. Porque a veces me dicen: bueno, pero el peronismo se extravió, no tiene orientación, cometió muchos errores, y yo les contesto: o corrige sus errores o vendrá otra cosa. Esto ya lo decía Perón: si nos equivocamos vendrán otros, pero estén seguros de que el pueblo argentino no se va quedar indefenso jamás. Porque esa rebeldía, esas tribunas de Boca vivando a Perón cuando estaba prohibido, esos goles del Diego contra los ingleses, ese Viejo enorme en la Plaza, el padre Mugica en la villa 31, el desparpajo de Moria que no le tiene miedo a nada, los goles del Mundial, el talento de nuestra gente que brilla por el mundo, tu hija allá en Europa que vos extrañás, todo esto que nos conmueve, que nos emociona, Javier, todo esto es ser argentino, el destino más hermoso del mundo, aunque a veces nos duela o nos desespere…
