Las adecuaciones al Presupuesto 2026 profundizan la senda del ajuste y llevarán a un mayor deterioro de las condiciones de vida de las mayorías.
El gobierno publicó en el Boletín Oficial una serie de adecuaciones al Presupuesto 2026. Las mismas profundizan la senda del ajuste y llevarán a un mayor deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de los argentinos y las argentinas.
Mientras que se recalcularon al alza los recursos en apenas $0,6 billones, por otro lado, se dispuso un recorte nominal de partidas de gastos de $2,4 billones, elevando el superávit financiero proyectado para la Administración Pública Nacional de $ 0,2 billones a $ 3,2 billones.
El ajuste es por partida doble, ya que se aplica sobre valores que ya estaban desfasados de la realidad. Basta con tener en cuenta que la inflación con que se confeccionó el Presupuesto 2026 (10,1% en todo el año) ya fue superada en abril, y que el 2,6% de aumento anunciado esta semana por el Indec lleva el incremento en el cuatrimestre al 12,3%.
Según dijo el ministro Federico Sturzenegger, “la motosierra es lo que permite mantener el superávit fiscal aún con baja de impuestos. De esta manera transferimos los recursos (…) de los políticos a la gente”. Sin embargo, se observan caídas en términos nominales en prácticamente todas las partidas de gasto que afectan a “la gente”.
El mayor recorte se registra en las transferencias a las provincias, incluyendo los recursos pendientes de desembolso en concepto de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), que se reducen cerca del 70%, así como los del Plan Nacional de Alfabetización.
A su vez, se achica el crédito disponible para la Dirección Nacional de Vialidad, por lo que el deterioro de las rutas nacionales se profundizará más. También caen fuertemente los subsidios a las tarifas de los servicios públicos (lo cual impactará negativamente en el ingreso disponible de los hogares), los gastos destinados a la salud y a la educación.
La readecuación presupuestaria se conoció el día previo a la Cuarta Marcha Federal Universitaria, que tuvo una convocatoria multitudinaria a nivel nacional. Allí se exigió el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, que el gobierno ha venido incumpliendo a pesar de la ratificación del Poder Legislativo y de los fallos de la Justicia para que se aplique. En un abierto desconocimiento al rol del Parlamento, el subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, señaló que la única ley que cumplirían es la de Presupuesto, algo que tampoco ocurre, tal como lo demuestra la propia adecuación que el Ejecutivo acaba de realizar.
Por su parte, en base a la información preliminar sobre la ejecución presupuestaria analizada por la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), los recursos totales del fisco ajustados por inflación mostraron en el primer cuatrimestre una caída del 1,6% interanual, la cual hubiera sido mayor de no haberse recibido ciertos ingresos extraordinarios por privatizaciones.
Los ingresos impositivos cayeron un 9,6% en términos reales y las contribuciones a la seguridad social un 5,4%. No obstante, para mantener el superávit fiscal financiero, y teniendo en cuenta el incremento de los intereses de la deuda, el gobierno reaccionó mediante el recorte del gasto primario (4%), destacándose la caída en las transferencias a provincias, los salarios y los gastos de capital. Es un círculo vicioso sin solución de continuidad.
La ASAP señaló que “en la ejecución del Presupuesto no se reflejan los intereses capitalizables (…). Si esos instrumentos tuvieran el esquema más convencional (…), el resultado financiero dejaría de ser de equilibrio, para ser un resultado de carácter deficitario”.
A su vez, según la calificadora Fitch —la misma que días atrás subió un escalón la nota de la deuda del gobierno nacional—, “parte de la reciente mejora fiscal del Estado se ha producido a expensas del debilitamiento de las finanzas provinciales”. El superávit que este gobierno exhibe, además de ser costoso para la sociedad, tiene muy poco de genuino.
Los grandes números no pueden disociarse de las penurias cotidianas. La búsqueda de equilibrio en las cuentas públicas debe partir de una economía en crecimiento y basarse en el cobro de tributos de carácter progresivo. Ello nos remite nuevamente a la puja por los dos modelos.
Por Carlos Heller
