Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, conocida universalmente como Taty Almeida, es uno de los símbolos más queridos e inquebrantables de los derechos humanos en Argentina. Nacida el 28 de junio de 1930 en el barrio de Belgrano, Buenos Aires, su vida dio un giro drástico que la transformó de una maestra de hogar tradicional a la emblemática presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Su fallecimiento a los 95 años, ocurrido el 14 de junio de 2026, marcó el fin de una era pero consolidó un legado eterno de memoria, verdad y justicia.
Una juventud en la "familia militar"
Criada en el seno de una familia de fuerte raigambre militar, su padre fue teniente coronel y sus hermanas se casaron con oficiales de la Aeronáutica. Taty se graduó como docente y vivió gran parte de su juventud en un entorno profundamente conservador. Fue la única de sus hermanas en casarse con un civil, Jorge Almeida, con quien tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. En aquellos años, su realidad estaba completamente alejada de la militancia política.
El día que cambió todo: la desaparición de Alejandro
El 17 de junio de 1975, durante el gobierno constitucional de Isabel Perón, la organización paramilitar Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) secuestró a su hijo Alejandro Martín Almeida, de 20 años. Alejandro trabajaba en la agencia de noticias Télam y cursaba el primer año de Medicina en la UBA.
Al revisar sus pertenencias tras su desaparición, Taty descubrió una faceta oculta de su hijo: una agenda que delataba su militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y un cuaderno con 24 poesías desgarradoras. En uno de sus poemas de despedida, Alejandro había escrito de forma profética: "Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga... dejaré el último aliento para decir te quiero".
El nacimiento de una Madre
Desesperada y apelando inicialmente a sus contactos en el ámbito militar, Taty chocó contra un muro de silencio e indiferencia. A fines de los años 80, decidió acercarse a la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Al ingresar a la sede y ver las fotos de miles de jóvenes que compartían el mismo destino que Alejandro, entendió que su dolor ya no era individual, sino colectivo.
A partir de allí, adoptó el característico pañuelo blanco en la cabeza y dedicó las siguientes cuatro décadas de su vida a marchar cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo. Ella solía decir con profunda lucidez una frase que definió su transformación: "Alejandro me parió. Yo nací como Taty Almeida el día que me uní a las Madres".
Reconocimientos y legado imperecedero
A lo largo de su extensa trayectoria, Taty recibió innumerables homenajes, entre ellos el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y la distinción como Personalidad Destacada de los Derechos Humanos. Su incansable energía la llevó a recorrer escuelas, universidades y foros internacionales, transmitiendo siempre un mensaje de esperanza y coraje dirigido a las nuevas generaciones.
A pesar de no haber podido recuperar los restos de su hijo, Taty Almeida continuó viviendo en el mismo departamento de Palermo desde el que vio partir a Alejandro por última vez. Su figura permanece grabada en la historia argentina bajo su lema más célebre y militante: "La única lucha que se pierde es la que se abandona".
