Perón aprovechó el apoyo que el embajador norteamericano Spruille Braden dio a la Unión Democrática y, en esas elecciones, también triunfó el famoso eslogan de campaña, que se resumía en dos palabras: Braden o Perón. Incluso, el partido comunista argentino que acusaba al líder obrero de Nazifacista, pero por lo bajo no soportaba la devoción de los obreros por Perón, se sumó codo a codo con el embajador de Estados Unidos.
Los medios de comunicación de la época también le dieron la espalda al dirigente peronista y los diarios -a excepción de La Época- y las radios se mantuvieron a favor de la Unión Democrática por afinidad y pertenencia social de sus dueños.
Perón 1946
El triunfo de Juan Domingo Perón en 1946: también triunfó el famoso eslogan de campaña, que se resumía en dos palabras: Braden o Perón.
El contexto mundial en 1945 era complejo. El mundo estaba dividido al finalizar la Segunda Guerra Mundial en dos grandes bloques: la Unión Soviética y Estados Unidos, que ambos, paradójicamente, apoyaron al partido de la élite. Perón estableció entonces su tercera posición, en la que instauró un claro distanciamiento de la política bipolar que dividía al mundo.
Años después, en su regreso al país en 1973, mantuvo la misma visión del mundo y declaró que eran importantes los acuerdos entre los presidentes Nixon (Estados Unidos) y Breznev (URSS), pero más constructivo es que nosotros conformemos un tercer mundo que también esté de acuerdo.
Juan H. Quijano, el vicepresidente radical de Perón
Esa misma línea en la política internacional la mantiene vigente hasta el día de hoy el peronismo. El Presidente puede sentarse con Vladimir Putin o con Joe Biden de la misma manera en que Perón en 1954 recibió al hermano del presidente de Estados Unidos Milton Eisenhower, mientras que en el mismo año condenaba la intervención de este país en Guatemala. Asimismo, fortalecía relaciones con las URRSS como la designación del sanjuanino Leopoldo Bravo como flamante embajador en Rusia.
Con el triunfo electoral del peronismo, el 24 de febrero de 1946 marcó el ascenso de la clase obrera por primera vez al gobierno y el comienzo de un nuevo tiempo para los trabajadores argentinos que sintieron que, de la mano de Perón, podían vivir más con más derechos y dignamente.
